viernes, 28 de mayo de 2010
CORRER RIESGOS
Sólo entendemos el milagro de la vida cuando dejamos que nos sorprenda lo inesperado.
Todos los días Dios nos regala, junto con el Sol, un momento en el que es posible cambiar aquello que nos hace infelices.
Pero todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que no existe, que hoy es igual que ayer y será también igual que mañana. . . . .
Ahora, quién presta atención a su día, descubre el “instante mágico”.
Puede estar escondido en cualquier rincón, en cualquier parte, dónde menos te lo esperás.
Mas no lo dudes. Ese momento existe: es un instante en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite lograr milagros.
La felicidad en muy contadas ocasiones es una bendición, pero casi siempre ES UNA CONQUISTA.
Este instante mágico de cada día nos ayuda a hacernos fuertes, tomar coraje y arrancar de una vez por todas e ir en busca de nuestros anhelados sueños.
Al hacerlo, seguramente pasaremos algunos momentos difíciles, afrontaremos muchas desilusiones, sufriremos... pero todo eso es pasajero, sólo nos dejará unas pocas y pequeñas cicatrices, y en el futuro podremos mirar hacia atrás con orgullo, con fe y felices por haberlo intentado.
Pobre de aquél que tiene miedo de correr riesgos!
Porque quién así vive quizás no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño.
Pero al mirar hacia atrás -porque tarde o temprano todos alguna vez miramos hacia atrás- oirá a su corazón diciéndole: “¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días, con todas esas oportunidades?”
Los escondiste en el fondo de tu cueva, porque tenías miedo de perderlos... ¿y cuál fue el resultado que obtuviste?
Se esfumaron y, los perdiste para siempre !!
Entonces para ellos, su única herencia será la total certeza de que han desperdiciado esta maravillosa vida.
Pensalo bien!!! Es necesario correr riesgos !!!!
Lic. Fabián Ariel Motta
PSICÓLOGO
M.N 38321
Hola!! Si mi reflexión te parece interesante, o pensás que tenés algo pendiente por hacer en tu vida, pero no podés definir bien qué o cómo hacerlo, comunicate conmigo y lo conversamos.
Te cuento que soy uno de los integrantes del equipo de profesionales del programa “Buenas Compañías”, de AM 1030 Del Plata, y que además de trabajar en mi consultorio de manera tradicional, lo hago también con varios pacientes del interior y del exterior del país, con quienes nos encontramos, salvando las distancias, a través de videoconferencias vía WEB, obteniendo con este novedoso “encuadre” muy buenos resultados.
Que tengas un buen día. Saludos !!!
fmotta@speedy.com.ar
011-3529-4014 011-154-444-4507
jueves, 27 de mayo de 2010
Amor verdadero
El “Ser” de cada uno y el “Ser” en pareja.
La personalidad es un vehículo para llegar al Ser; cuando conseguimos disolverla, llegamos a la captación de nuestra esencia.
Esta personalidad se identifica con una parte del Ser a la cual le asigna el valor de la totalidad. Es importante tomar conciencia de que somos el Ser y no solo la posición con la que nos identificamos.
La mente tiene esta capacidad de definirnos de cierta manera, como si al ser de tal o cual forma no pudiéramos ser de ninguna otra.
Este es el mecanismo que nos impide ser completos.
Damos por sentado que somos el YO que nuestra mente ha construido y no advertimos que ese YO es algo que se formó en el pasado, que tiene sus raíces allí y que su lealtad está dirigida a cosas que ocurrieron entonces, hechos y recuerdos más o menos distorsionados que estamos sosteniendo y tratando de mantener o de ocultar. En consecuencia, no podemos estar totalmente presentes aquí y ahora, porque estamos atados a las cosas del pasado que nos determinaron a crear esa identidad.
Pieza por pieza, el YO estructurado es una resistencia a la presencia incondicional.
El trabajo de una buena psicoterapia consiste en cambiar nuestra lealtad al YO construido, el YO habitual, por otra nueva al sentido vasto del ser que podríamos llamar nuestra verdadera naturaleza, que está por afuera de las barreras de nuestro YO construido y que no puede ser contenida dentro de esas barreras. Tenemos que lograr corrernos de nuestra personalidad, para hacer que ésta pierda fuerza, agradecerle que nos haya ayudado a sobrevivir hasta ahora, pero también aceptar que ya no nos sirve.
Estamos acostumbrados a vivir “encerrados” dentro de ella; no sabemos cómo es dejarnos ser sin el freno de nuestra identidad. Nos da miedo y es muy difícil meternos en los lugares oscuros de nuestro ser y abandonar nuestra vieja y conocida identidad. Y así dadas las cosas, el hecho de dar y recibir amor se convierte en una tarea muy ardua si no me decido a dejar mi vieja estructura. No es que podamos tomar la decisión de dejar nuestra vieja identidad y conectarnos inmediatamente con nuestro más pleno Ser. Si fuera tan fácil todo el mundo lo haría, porque todos buscamos amor. De distintas maneras, todos buscamos querer y ser queridos, aceptados, considerados, etc.
No se trata de librarnos de nuestro YO construido, ni de romperlo, ni siquiera es cuestión de criticarlo o condenarlo de ninguna manera. Hacer esto sería un error. Porque es un paso en el camino, y tuvo y aún hoy sigue teniendo una función.
Las diferencias entre la estructura y la esencia a veces no son tan rígidas, pero siempre son importantes.
La estructura está basada en el pasado, la esencia es siempre presente.
La estructura es reactiva, en cambio la esencia es abierta y no reactiva.
La estructura está relacionada con tratar de hacer, con el esfuerzo; por el contrario, la esencia es sin esfuerzo, es no hacer.
La estructura está siempre mirando algo, queriendo algo, necesitando algo, siempre hambrienta y deficiente. La esencia está llena, no necesita nada.
La estructura está atenta al “afuera”, la esencia se asienta en sí misma.
Debemos corrernos de la idea de un YO estructurado. Lo mejor es conectarnos con el vacío en vez de esforzarnos en llenarlo con una falsa identidad.
Pero esa sensación de “vacío” es vivida como la gran amenaza a nuestra estructura. De hecho, todo el proyecto de identidad es una defensa para no sentirlo.
La mente no puede “captar” este vacío, y entonces crea distintas historias sobre él, como si fuera un agujero negro. El YO va construyendo una barrera, y todo lo que queda por fuera de ella aparece como potencialmente peligroso.
El YO estructurado transforma esa “conducta evitativa” en una necesidad vital, consiguiendo con ello que la vida acabe girando permanentemente alrededor del peligro que implica el vacío.
Creo que estaríamos mucho más vivos si nos animáramos a darnos cuenta de que no estamos necesariamente obligados a saber todo el tiempo quiénes Somos, y que no tenemos porqué asegurar exactamente y al detalle qué se puede esperar de nosotros.
Darnos cuenta de que sí podemos (y quizás debemos) lanzarnos a la experiencia de lo que deviene sin encadenarnos a un YO que nos limite a unas pocas respuestas conocidas.
Estas ideas podrían ayudar a estar en pareja, porque permitirían aflojar viejas ataduras y, sobre todo, porque liberarían también a nuestros compañeros de ruta de sus propios condicionamientos individuales.
Y ni en los individuos ni en la pareja existe un “Deber Ser” que determine lo que es mejor. Lo mejor es siempre ser quien uno es.
Es verdad que es posible evolucionar y superarse, pero sólo cuando partimos de aceptar que somos quienes somos, aquí y ahora.
Aceptarnos no quiere decir renunciar a mejorar, quiere decir vernos como somos, no enojarnos con lo que nos pasa, tener una actitud amorosa y establecer un vínculo reparador con nosotros mismos, que es lo que nos ayudará a crecer.
Si seguimos en el trabajo de autotortura, exigiéndonos ser lo que no somos, seguramente terminaremos colgando en alguien la causa de nuestro descontento. En un comienzo este lugar lo ocupan los padres; pero luego, en la medida en que crecemos, desplazamos esta acusación a nuestra pareja: “Él (o ella) es el (la) culpable de que no me desarrolle profesionalmente, de que no me divierta, de que no gane plata, de que no sea feliz.”
El trabajo empieza por uno. Aceptarnos es habitar confortable y relajadamente en nosotros mismos.
Lo que puedo esperar de una pareja es un compañero en mi ruta, en la vida, alguien que me nutra y a su vez se nutra con mi presencia. Pero sobre todo alguien que no interfiera en mi camino de vida.
La peor de nuestras creencias aprendidas y repetidas de padres a hijos es que se supone que vamos en la búsqueda de nuestra otra mitad. ¿Por qué no intentar encontrar un otro entero en vez de conformarnos con uno por la mitad?
El amor que proponemos se construye entre seres enteros encontrándose, no entre dos mitades que se necesitan para sentirse completos.
Cuando necesito del otro para subsistir, la relación se hace dependencia.
Y en dependencia no se puede elegir. Y sin elección no hay libertad.
Y sin libertad no hay amor verdadero.
Y sin amor verdadero podrá haber matrimonios, pero no habrá parejas.
(Texto tomado del libro “Amarse con los ojos abiertos”, de Bucay-Salinas, con algunas modificaciones mías)
¿QUÉ ES UNA PAREJA?
Esta relación singular no es un hecho consumado y cerrado en el tiempo. Se trata de un proceso en el cual ambos polos, como está dicho, se mueven a través de un continuo relacional constantemente atravesado por las variables que cada uno aporta. El hombre y la mujer en cuestión están atravesados por densas historias personales, condicionamientos biológicos y psicológicos, por la compleja trama, en fin, que los ha constituido como personas. Ese movimiento mutuo, afín al impulso que tiende a “emparejarlos”, está caracterizado por un constante juego en el cual cada uno hará depender al otro; éste buscará, por contraposición, su independencia y ambos arribarán, a una mutua interdependencia que asegura la estructura básica de la relación.
Esta interdependencia la entiendo como una situación en la cual cada uno se afirma como persona autónoma, teniendo en cuenta su relación vincular con el otro. Pero esta situación no puede quedar fijada, porque una pareja es un ser vivo que, en cuanto tal, tiende espontáneamente al desarrollo. Este desarrollo, para concretarse, deberá permanecer en un sutil y sensible equilibrio no homeostático, por lo tanto inestable.
Es esto lo que permite eludir la entropía del fenómeno viviente y la aparición renovada de lo nuevo y de lo imprevisible. Esta información constante, verdadero feed-back, alimenta lo que puede denominarse el “sistema-pareja”, constituido entre ambos polos relacionales.
Los hechos, ordinarios o no, de una vida de pareja: los sentimientos, las emociones, la sexualidad, la influencia del mundo externo, del entorno, los hijos, los roles, entre otros muchos elementos, producirán variables de mutuo ajuste y hasta crisis dolorosas que deberán ser asimiladas en el sistema relacional. Es a través de estas realidades cotidianas como crecerá y será fecundo el propósito común que unió a un hombre y una mujer determinados. Nada más alejado de lo estático que esta unión. De aquí que la relación implique necesariamente la crisis, es decir, el conflicto.
He hablado en mi intento de definición de un “progresivo equilibrio inestable”. Ciertamente, si el curso de la pareja se prolonga en el tiempo, el “equilibrio inestable” será cada vez más el equilibrio y menos lo inestable; en realidad esto significa que tenderá menos al simple desequilibrio. La equilibrada inestabilidad deberá, cualquiera sea su forma, permanecer hasta el fin. De lo contrario, la relación se estratifica, se inmoviliza y por lo tanto muere. Un ser vivo que cesa en su trabajo de autoinformación y de intercambio con el medio, se fagocita irremisiblemente a sí mismo. La entropía triunfa. El sistema agota su energía. El tanque de agua abierto que no renueva su contenido, termina por perderlo en una simple y lenta evaporación. Además la calidad del contenido sufre la inevitable corrupción por contaminación biológica. Es el fin.
El psicoanalista francés DANIEL LAGACHE, quien fue eminente profesor en LA SORBONNE (París), ha hecho una fecunda aproximación al concepto de pareja. Puede resultar útil traerla aquí. En su concepción, una pareja es “la muerte de narcisismos en función de la mutua oblatividad”. Trataré de explicitar esta rica formulación psicológica desde mi propia perspectiva.
La “oblatividad” a la cual se refiere LAGACHE, es sinónimo de alteridad, de donación y apertura de sí mismo al otro. Su contrario es el “narcisismo”. Se puede caracterizar a éste como la vuelta egocéntrica sobre sí mismo. El sujeto se hace objeto de su complacencia. Vive para sí ignorando al otro. Mas aún usándolo como objeto de sus deseos y necesidades. El término Narcisismo fue introducido por FREUD al referirse a una etapa de la evolución del niño (narcisismo primario) y a una perseverancia del mismo en la adultez, que dependiendo de su grado, puede arribar a una auténtica patología (narcisismo secundario).
En la pareja el narcisismo es también un intento fatal. Si uno o los dos viven una relación especular, el intento será siempre hacer al otro u otra “a su imagen y semejanza”. En el intento, se tratará de ejercer un dominio posesivo o destructivo, sobre todo si el otro se resiste, al modo de un “Dios maligno”, soberbio en su omnipotencia y egocentrismo. Se busca así cosificar al otro, ignorándolo como persona al hacerlo objeto de posesión. Se tratará también de fagocitarlo posesivamente por medio de la fusión.
El narcisismo de pareja y en pareja ciertamente es frecuente; distinto son los tintes dramáticos que en cada situación se manifiestan. Pero el resultado es siempre el mismo: la destrucción del vínculo o una inaceptable guerra de guerrillas. Tal vez el notable film “LA GUERRA DE LOS ROSES” sirva para ilustrar esa realidad.
En el citado enunciado de LAGACHE, la oblatividad en la pareja es claramente la superación de ese narcisismo. La oblatividad será la conciencia del otro/otra como ser inalienable, persona en fin. Ese respeto por la alteridad vehiculiza el reconocimiento de la distancia insalvable y la separación, a través de la cual, los amantes se unen como auténticas individualidades personales. Una mutua, correspondida comprehensión empática, es decir, un saber sentir, percibir, vibrar en sincronía, bien “sintonizados” con el mundo vivencial del compañero, asegurará los imprescindibles canales de comunicación y abnegación recíproca. El esfuerzo constante será entonces el ponerse oportuna y cálidamente en el lugar del otro. Sólo desde esa posición es posible alimentar afinidades, superar dificultades, aceptar diferencias. La mutua comprehensión empática es, según mi perspectiva, el eje esencial del encuentro. Será ciertamente la sana abnegación de ambos, lo que conducirá a la muerte del narcisismo como condición de una auténtica vida de pareja.
Considero también valioso traer aquí el aporte de un importante psicoterapeuta y educador norteamericano como el Dr. CARL ROGERS, creador del renovador, terapéutico y educacional “Enfoque centrado en la persona” de orientación Humanista en Psicología. Hace ya varios años publicó una obra que tituló: “Haciéndose pareja - El matrimonio y sus alternativas”. La misma plantea audaces puntos de vista sobre nuestro tema. Su eje está dado por la convicción personal de que la institución matrimonial, en nuestra civilización, debe ser replanteada e incluso cambiar hacia nuevas formas socialmente aceptables. Las actuales las considera llanamente fracasadas.
Volviendo a una posible noción de pareja afirma que hay un presupuesto en la constitución de la misma. Lo enuncia así: “Nos comprometemos, cada uno de nosotros, a trabajar juntos en el proceso cambiante de nuestra relación presente, porque esta relación está enriqueciendo, en general, nuestro amor y nuestra vida y deseamos que ésta crezca” ¿Qué implica esta formulación? Ante todo, se trata de un compromiso. Un compromiso, en nuestro caso, es una promesa común a ambos miembros. Promesa lúcida, consciente, voluntaria y sobre todo libre, de realizar un verdadero trabajo de encuentro humano, fecundo en todos los sentidos, orientado a la plenitud y alegría de compartir, deliberadamente, la existencia. No es mero “contrato” de partes ni forzada “obligación”. Su meta es el gozo de hacerse juntos física y espiritualmente, multiplicando ese gozo en los hijos.
La relación es vista como una corriente fluida, un proceso, y no una estructura estática que puede darse por supuesta.
Constituye una ligazón verdadera desde la cual la relación debe crecer paulatinamente. Diríamos que la pareja “se va casando” a través del tiempo y las vicisitudes que ambos comparten.
Implica la trascendencia del Yo-Tú en un ‘nosotros’, que nada tiene que ver con la confusión de identidades ni la fusión de personas. Es la afirmación de una comunidad de vida para hacer que ésta crezca, se desarrolle y culmine en el sentimiento existencial, no meramente psicológico, del “Nosotros dos”.
Cuando se hace evidente la imposibilidad de lograr ese horizonte común, se hará posible la separación, siempre desgarradora, pero preferible (atendidas las circunstancias concretas) a la ficción de una unión.
ROGERS estima que existen ciertos elementos positivos que son esenciales en la comunicación hombre-mujer. Habla así de una necesaria y leal comunicación de los sentimientos negativos que son fuente de equívocos, mensajes dobles o paralelos. Ciertamente implica esto el riesgo de esa auténtica y prudente comunicación, poniendo a prueba la honestidad y solidez de la misma.
Para cerrar la reflexión, diría finalmente que un punto clave en la pareja es la disolución de los roles estereotipados.
